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DEUDA EXTERNA EN MEXICO

  • 2 dic 2015
  • 2 Min. de lectura

Desde que en Agosto de 1982 estallara una crisis derivada del aumento incesante de la deuda externa de México, los años subsecuentes estarían marcados por continuas renegociaciones y la contratación de nuevos préstamos bajo condiciones cada vez más desfavorables para el país. La situación apremiante que atravesaba el gobierno mexicano marcada por el desequilibrio de sus finanzas públicas lo hizo aceptar préstamos bajo cláusulas demasiado onerosas, que incluían la modificación de su política económica y social, junto con la aceptación de las directrices impuestas desde el exterior por los organismos financieros internacionales y el gobierno de los Estados Unidos. A la postre, las modificaciones realizadas en México por los gobiernos en turno se reflejarían, desde entonces y hasta ahora, en grandes costos económicos, políticos y sociales, ejemplo de ello es el histórico mediocre crecimiento del país, la cada vez mayor incapacidad para generar empleos y la progresiva precarización del nivel de vida de la población en general.

A más de 30 años del estallido de la crisis provocada por el endeudamiento irresponsable del gobierno, la política adoptada por las autoridades ha sido la de mantener a cualquier costo la misma política macroeconómica en equilibrio, pese a que ello comprometa el crecimiento y la atención de los problemas más apremiantes que experimenta la sociedad mexicana, como lo es el aumento de la pobreza, la inseguridad, la violencia, la corrupción, etc.

Pareciera ser que la severa lección que dejó la crisis de deuda de los años ochenta ha sido olvidada, y el comportamiento irresponsable en el manejo de las finanzas públicas se ha vuelto una tradición en el accionar de las últimas gestiones presidenciales. En realidad, la lógica que siguen las autoridades económicas y políticas es la de contribuir a acrecentar lo más posible la deuda del país.

Para los responsables de la conducción económica del país, el endeudamiento se ha constituido como la panacea a todos los males que atraviesan las finanzas públicas. Incluso, pareciera ser que a la clase política le da igual qué tanto endeuden al país, al cabo que quien terminará por cargar el pesado costo del endeudamiento derivado del comportamiento irresponsable de las autoridades será, como siempre, el pueblo mexicano, comprometiendo así su bienestar y futuro.

La deuda externa que ostenta México actualmente no es nueva. Se contrajo hace ya varias décadas y hasta el año presente no se ha podido pagar, todo lo contrario, ha aumentado año con año.

 
 
 

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